martes, junio 21, 2005

Te quiero sin palabras...

Ayer asistí a una escena bonita en el metro. Dos músicos tocaban la Marcha Radetsky de Strauss entre el vaivén de los carruajes, mientras los pasajeros observábamos curiosos el violín negro que uno de ellos acunaba entre los brazos. Las notas salían de su cuerpo seductor de ébano, retorcido en una “s” de sssssssssssssssssssssssssilencio…

En la estación de Alameda entró un matrimonio, ella se apoyaba ora en un bastón ora sobre el hombro de su marido, él llevaba un sombrero de color azul, ambos lucían en el rostro cientos de arrugas de reír la vida. Los músicos tocaban…

La señora casi quería bailar apoyada en su bastón; el señor, lleno de miradas brillantes, casi la quería abrazar allí mismo; y yo…yo casi no podía dejar de sonreír. De pronto ella apoyó la mano delicadamente sobre la sonrisa de su marido, no se dijeron nada, no nos dijeron nada, pero nosotros lo comprendimos todo.

Ayer la vida me regaló una escena así de bonita en el metro…

2 Comments:

Blogger Paty said...

¡Qué maravilla y belleza de regalo! Yo no sé cómo le haces, mujer, para captar esos momentos y plasmarlos así como lo haces.

Por cierto, esa escena que nos cuentas del metro, es, yo creo, uno de los sueños más grandes de mi vida.

Un gran abrazo para ti.

05:53  
Anonymous Anónimo said...

Pues sí. La ciudad, que suele ser un medio tan hostil habitualmente, de vez en cuando nos ofrece estas imágenes cargadas de humanidad.Gracias por contárnosla.

21:09  

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