jueves, junio 09, 2005

La casa que contenía el mundo

Todas las noches de todos los nueves de junio Martín Pincanpore soñaba con la casa que contenía el mundo. Era grande y llena de divisiones, distintas unas de las otras, con grandes ventanales blancos de cristales oscurecidos. Cuando se tumbaba en la cama, al lado de Doña Deolinda, no podía contener la excitación del dulce desasosiego que sentía al pensar en el momento en el que abriría una de aquellas ventanas. Se acostaba vestido, con un paraguas y una bufanda en una mano y una sombrilla de sol en la otra. Nunca se sabe cual será la ventana abierta esta vez, el año pasado me moría de frío, decía, cuando Doña Deolinda lo miraba asustada ante tanta parafernalia.
Cada ventana mostraba un lugar distinto en el que Martín Pincanpore, durante las horas del sueño, o quizás más, viajaba de un rincón a otro del planeta. Todas las noches, de todos los nueve de junio. París o las ruínas de Machu pichu, el jardín cuidado de una casa reconocida o una aldea perdida en medio de montañas y lagos. Martín caminaba el mundo, desde la casa que habitaba sus sueños.
Esta noche, Martín Pincanpore ha tardado demasiado tiempo en regresar, tanto que Doña Deolinda lo ha tenido que despertar, zarandeándolo asustada. Al abrir los ojos se ha encontrado con la mirada transparente de un rostro confuso y cansado de la vigilia. Ha sonreído tranquilo y de sus labios un suspiro se ha convertido en un leve silbido al escapar entre dientes.
- Martín, Qué ha pasado? Por qué tardabas tanto en volver? Pensaba que esta vez me abandonarías para siempre. - Exclamó Doña Deolinda, casi entre sollozos.
- No encontraba la salida.- Respondió, serio, Martín Pincanpore.- De repente, cuando cerraba la ventana que daba a poniente, después de caminar entre un campo de hierba y margaritas de 25 centímetros, me dí cuenta de que todas las puertas de la casa habían desaparecido.
- Desaparecido? pero... cómo? dónde estaban? a dónde se habían ido?
- Al suelo.
- Estás loco Martín? - dijo Doña Deolinda, en medio de una gran carcajada.
- No, mujer. Te estoy contando la verdad, todas las puertas se habían ido al suelo, es más, ya no existía el suelo, era una gran alfombra de puertas de todos los tamaños y colores. Abrí una, de color amarillo, y ví el mundo al revés.
- Boca abajo?
- Feliz. - Martín Pincanpore recogió discretamente una lágrima que le corría por el canto del ojo. No podía permitir que su mujer lo viese llorar, no después de tantos años juntos y ya tan viejos.
- Entonces saltaste por esa puerta... - aventuró Doña Deolinda, agarrándole de la mano, ante el presentimiento de que en cualquier momento se desvaneciera junto a la primera niebla de la mañana.
- No, la cerré cuidadosamente para no despertar a nadie. Después abrí la puerta verde que estaba al lado, y el mundo volvía a ser normal. No me gusta abrir puertas, prefiero abrir ventanas...no son tan peligrosas.
Martín Pincanpore posó la mano de Doña Deolinda sobre su pecho, ahora más tranquilo entre las sábanas olorosas y familiares. Cerró los ojos, con la intención de aprovechar los últimos instantes de la madrugada, pero al escuchar un suspiro triste junto a su oído dijo:
- Si tenemos una hija... podemos llamarla ventana? Para que siempre pueda ser una mujer abierta al mundo... Podemos, Doña Deolinda?
- Estás loco, Martín? - dijo Doña Deolinda, en medio de una gran carcajada. - Somos demasiado viejos para tener una hija.
- Entonces duérmete conmigo, vamos a soñarla.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Me pregunto si tu caso es un ejemplo que contradice exactamente lo que pienso y a veces digo: que escribir poco no es bueno para escribir bien. He leído tus dos últimos posts y me parecen magistrales ambos. El último me resuena como algunas narraciones cortas de García Márquez. El anterior es una bellísima descripción en prosa poética de una extraña y misteriosa soledad. Lo dicho: magistrales.

07:22  
Blogger Ana M. García said...

Muchisimas gracias a todos por vuestras palabras...al fin y al cabo son unas palabras las que hacen nacer otras.

Roberto... García Marquez???? oh! ojalá tuviera yo una pequeñisima parte de su magia. De todas formas, muchas gracias.

un abrazo fuerte a todos

15:26  
Blogger Paty said...

Qué bárbara!! Qué tamaña belleza nos regalas con este relato! Tu manera de atrapar con la historia, tan sencilla y tan profunda a la vez.

Quiero pedirte autorización para que me dejes copiarla en mi compu, ya que tengo una carpeta con escritos de los blogueros que frecuento y que más me han gustado.

Un abrazote y saludos, desde mi lluviosa Xalapa

21:00  

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